martes, 12 de febrero de 2008

Costa de Sao Paulo: el paraíso en la tierra


Las playas de Brasil son el escenario ideal para unas vacaciones idílicas y si a esto sumamos un buen cogollo y deportes acuáticos la diversión está asegurada.

Son las siete de la mañana en Ilhabella y los surfers y kitesurfers comienzan a llegar a la playa de Casthelanos para montarse en sus tablas y comenzar otro día de diversión sobre el agua. Junto a ellos, un grupo de hermosas chicas en bikini se disponen a asolearse y de pronto un desagradable y conocido aroma invade el sector: olor a paragua. Y es que en Brasil, ese olor es demasiado común. Nos cuentan que allá la maría es traída desde paraguay y que es prensada con miel y productos “naturales” pero mi nariz reconoce el olor y lo rechaza de inmediato.

Cuesta encontrar marihuana verde en Brasil. Lo sé bien, ya que solo en un día me han salido ocho movidas de caños y todas de paragua. Pero no hay que perder la fe.

Carreteros pero deportistas

Ya sea en agua o en tierra, el brasilero tiene amor por el deporte. Eso se nota en cada esquina y en cada playa, donde todos los días desde que sale el sol y hasta que anochece se pueden ver a hombres, mujeres y niños trotando por la playa, andando en bicicleta, jugando fútbol sobre la arena o simplemente nadando en el mar.

Pero esta mañana es especial y es solo de deportes acuáticos. En la playa ya deben estar en el agua al menos 20 surfers que corren las perfectas olas de Casthelanos de manera tranquila y pausada. Debido al calor y a la agradable temperatura del agua muchos de ellos no usan traje especial, algo impensado en las frías aguas de nuestro Chilito.

Pero mientras en el mar los surfers se disputan las mejores olas, en la playa la realidad es muy diferente. Caipiriñas, cervezas, choclo y paraguas es lo que más se consume entre medio de increíbles e interminables partidos de fútbol y voleiball, que sólo son interrumpidos cuando alguno de los que esta echado en la arena indica que ya lo tiene enrolado. Ahí el partido para, se fuma, se comparte un rato y de vuelta a la improvisada cancha.

Veo lo deportistas que son y pienso: “en Chile después de un caño vienen unas chelas y de ahí un asado, pero partido de fútbol definitivamente no”, y ahí, un conocido y amado aroma me saca de mi nacionalista pensamiento: a unos 10 metros de mí, un hombre ya mayor, de alrededor de 45 años, fuma lo que al parecer es un grueso cigarro de marihuana verde.

Me paro, agarro una de las revistas Cañamo que llevé para obsequiar en Brasil, y sin ninguna timidez me acerco a entregarle mi obsequio. El tipo, muy tranquilo, me mira, toma la revista, la abre, me pasa el pito y se pone a leer. Yo fumo y pregunto que es, y el tipo me responde “skunk de Ilhabella”. Después de dos fumadas siento el efecto deseado y nos sentamos a conversar.

Al hojear la revista, el hombre nota que es una publicación chilena y comienza a los gritos a llamar a otro personaje. De pronto llega Julio, un simpático moreno que inmediatamente llega y me saluda con gran amabilidad.


La verde amarella

Julio es de Sao Paulo y hace ya 10 años que vive en Ilhabella. Su perfecto español y sus garabatos en “chileno” delatan su paso por Chile. Me cuenta que vivió en Santiago y que tuvo novia chilena, pero que decidió volver a su país luego de 3 años en que extrañó el mar y la “vida sencilla”.

Me dice que es cultivador de maría y que planta desde hace 15 años: “la macoña que te venden en acá en Brasil está muy alterada y es dañina para la mente. Un solo día de buen fumar y el dolor de cabeza está garantizado”.

Por ese motivo se decidió a plantar. Comenzó con semillas regaladas por amigos extranjeros que llegaron a la isla y gracias al clima y al gran sol que día a día cubre ese territorio la cosecha fue exitosa y abundante: “gracias a mis amigos europeos y al clima de este lugar, las plantas se dan hermosas y fuertes”.

Nos cuenta también que gracias a internet se ha vuelto un experto cultivador que ha logrado cosechar en Brasil variedades clásicas como white widow, skunk, ak-47 y la “verde amarella”, una exclusiva variedad creada por él y que es el orgullo de su frondoso jardín.

“El principal tema acá con las plantaciones de macoña es cuidarse de los robos, es muy frecuente que te roben las plantas antes de la cosecha”…nos cuenta mientras enrolla un cigarro de verde amarella.

Por eso nos dice que el cultivo indoor cada día toma más fuerza en Brasil: “nosotros los consumidores de macoña estamos contra el narcotráfico, contra la matanza de personas por el tema de las drogas, por eso muchos de nosotros nos hemos dedicado a plantar nuestra propia macoña para así no ser parte de estas redes de criminales que lucran con la vida y la muerte”.

“Nos hemos organizado a nivel nacional y ya este año hubo una marcha masiva para que las autoridades legalicen el autocultivo y consumo de marihuana en territorio brasilero”, nos cuenta entusiasmado mientras le da una buena calada a su “verde amarella”.

Al despedirnos, Julio y su amigo nos dicen que sería muy bueno tener una revista como Cañamo allá en Brasil: “nos encantó la revista, a ver si algún día la vemos a la venta por acá se ve muy útil”.

Para conocer este verano

Pero no todo es playa y maría en Ilhabella, sus hermosas y antiguas construcciones invitan al paseo y al descanso en un paisaje idílico que será difícil de olvidar. Así que para los que se animen a conocer este hermoso destino turístico les recomendamos visitar la hermosa mata atlántica (algo así como nuestro bosque nativo), las cachoeiras o cascadas que se forman dentro de estos milenarios árboles y las cientos de antiguas y coloniales construcciones que dan vida y estilo a esta hermosa isla de Brasil. (ver recuadro)

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